12 Ago No había normalizado el horror. Exposición Belal Khaled, Museo Violeta Parra.
Por Ma. José Martínez-Conde F.
Desde octubre de 2023 que el genocidio Palestino se convirtió en una de mis mayores preocupaciones y lo vengo denunciando a diario. Me puse a seguir muchas cuentas sobre la causa, entre ellas a periodistas y doctores que publican desde Palestina, mostrando como testigos únicos lo que está pasando al mundo. Ya no me impactan igual que hace casi dos años las imágenes de sufrimiento, la sangre, la mutilación. He normalizado fotos que antes me quitaban el sueño, niños llorando heridos y bebés ensangrentados. Pero este fin de semana fui a la muestra “Palestina tiene una Pena” del fotógrafo palestino Belal Khaled en el Museo de Violeta Parra en Vicuña Mackenna. Es la primera exposición que se realiza, después de los incendios durante el Estallido Social.

Khaled entró a Gaza al día siguiente de los ataques de Hamas y documentó los 200 primeros días del genocidio. De las miles de imágenes, Stephanie Elías Musalem y Bruno Salas Zarzar hicieron una curatoría de 30 fotos, las que están exhibidas en dos espacios: uno abierto y otro cerrado. Inicié el recorrido visitando el salón abierto, y me paré frente a una imagen que mostraba miles de personas siendo desplazadas. Y me quebré. Por primera vez, desde hace mucho tiempo, no podía contener las lágrimas mientras pensaba ¿cuántas de las personas que aparecen en esta foto han sido asesinadas? Las imágenes toman otra magnitud e impacto cuando son impresas y a gran tamaño. Me pregunto cómo será vivirlo. Varias de las escenas expuestas me eran familiares, las había sostenido sobre mi mano. Pero ahora eran mucho más vívidas. Y más cercanas, al ser capturadas por el lente de un fotógrafo que estuvo ahí y que vino a Chile a lanzar esta exposición. Infancias jugando en los escombros o cientos de hombres inclinados en el suelo, rezando en medio de los destrozos. Con su religión intacta. Es que si algo nos han enseñado los palestinos, es la resiliencia. Salí de ahí muda y me dirigí al espacio cerrado. Se ingresa a través de una cortina negra y un cartel que advierte que es “para mayores de 18 años”. No sé si habrá alguna edad para ver estas imágenes. Tres niños ¿quizás hermanos? Llenos de polvo y tierra, parecen sacados de los escombros, el más pequeño de unos 2 años, con su carita ensangrentada y una expresión de no entender muy bien qué está pasando. Como si su inocencia no pudiera con la realidad. Otra imagen de un padre sosteniendo la manita de su hijo muerto, manita que ocupa la mitad de su propia palma. También hay imágenes de palestinos riendo o celebrando la vida, porque eso también es Palestina.

Se trata de una exhibición “inmersiva”, con las fotos expuestas en un espacio oscuro y frío, de murallas negras con relieves de pequeñas burbujas producidas por el calor de los incendios. El techo abierto, con cables y palos quedaron a medio caer. Como entrañas que salen de un cuerpo. Entonces comienza a emerger otro duelo que llevaba bien silenciado bajo mi piel: el del Estallido Social. La represión de las policías chilenas hace casi 7 años, destruyendo varios espacios culturales como este y mutilando con perdigones cuerpo humanos; “zorrillos” que dejaban sin oxígeno, bombas lacrimógenas que hacían picar los ojos y garganta, y carros lanza aguas que incluso tiraron químicos raros y amarillos que quemaban.

Todo este armamento “Made in Israel”, pues los genocidas son los mayores exportadores de armamento de guerra del mundo, con el sello “probado en terreno”, básicamente, en niños palestinos. Usado por las fuerzas policiales de los más ricos del mundo para acallar a la gente, cuando “los hambrientos piden pan y plomo les da la milicia”, como dijo la Violeta allá por el 67, contando la misma historia que se repite a través de los siglos, una y otra vez, hoy particularmente en Gaza. El mismo Khaled pintó esa frase gigante y en caligrafía árabe en la pared exterior del Museo. Se puede ver desde Vicuña Mackenna, donde algunos pasos más allá el teniente Claudio Crespo, apodado “el carnicero” por sus propios compañeros, no dudó ni un segundo en dejar tuertos a personas que exigían dignidad, e incluso, disparar a ambos ojos de Gustavo Gatica, dejándolo completamente ciego. En esas marchas, se veían más banderas Mapuche que chilenas, porque a no tantos kilómetros de aquí, al sur en el Wallmapu, ellos están viviendo su propio colonialismo y usurpación de tierras hace ya 200 años. Lo mismo que en Palestina. Ocupaciones violentas contemporáneas, que nada se diferencian de la barbarie pasada: violencia, saqueo, torturas, violación, abuso, hambruna y enfermedad.

Antiguamente, en Palestina convivían musulmantes, cristianos y judíos árabes en paz. ¿No es acaso metafórico que quieran eliminar a los descendientes de ese pueblo y ocupar el único lugar que es sacro para las tres religiones más numerosas del mundo? Muere Palestina y con ella la poca humanidad que nos quedaba. Tenemos un genocidio 24/7 en nuestros celulares y no nos conmueve. La ONU no intercede, mudos y cómplices de un país inventado hace 80 años sobre una tierra habitada. Tienen derecho a defenderse, dicen. Por eso, en menos de dos años ha lanzado lo equivalente a ocho bombas atómicas contra civiles. Ni hablar de la huella de carbono de Israel, que nos afecta a todos. La ley del más fuerte y la justicia inexistente. O al menos, cuando no son los países del G7 los que están amenazados. Cuando son morenas los rostros que sangran. Cuando llevan velos o kufiyas. Cuando no es la hegemonía la que está en peligro.

Me quebré con la muestra porque es real. He visto videos de niños palestinos lamer lo que quedaba de harina en el piso de un camión que transportaba alimentos, mientras a pocos kilómetros hay camiones rebosantes de comida frenados por los colonos israelíes. Gente que pierde la vida porque va a buscar un kilo de lentejas y se transforma en blanco de militares verdugos, igual que en un videojuego. Lo mínimo que podemos hacer es visitar la exposición, informarnos, hablar. La empatía, que nos importe y el cuidado, es precisamente lo que mantendrá a la humanidad viva. No. No había normalizado el horror. Y eso, de alguna manera, me tranquilizó.
Exposición “Palestina tiene una pena” de Belal Khaled. Curatoría Stephanie Elías Musalem y Bruno Salas Zarzar. Museo Violeta Parra, Vicuña Mackenna 37, Santiago. Metro Baquedano. Miércoles 13 a sábado 16 de agosto. 11:00 a 13.00 y de 14:00 a 17.00 hrs.


