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Mujeres que abrieron nuestro camino

08 Mar Mujeres que abrieron nuestro camino

Por Ana Alvear

Siempre que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, en las redes sociales y medios comunicación se llenan de testimonios de mujeres públicas que dieron grandes batallas desde sus ámbitos y que gran parte de la disminución de brecha de genero y conquista de derechos civiles y sociales se los debemos a ellas.
Pero creo que también es importante mirarnos a nosotros, nuestro círculo y ver qué mujeres nos abrieron el camino para ser lo que somos hoy, y agradecerles esa lucha que hicieron desde el anonimato o la privacidad familiar para que hoy seamos lo que somos.

En mi caso, trabajo en tres proyectos que son liderados por mujeres y/o están enfocados a que mujeres y niñas de nuestro país, puedan tener mejor acceso a educación, información e igualdad de oportunidades, y creo que no es casualidad y acá les cuento porque:

Marcela Molina Godoy es/fue mi abuela materna. Ella nació en 1916 en Chañaral, ciudad nortina (que volvió aparecer en el mapa después del aluvión 2015). Fue la segunda hija entre 9 hermanos. En la época de su adolescencia, todas las fichas estaban puestas en la hermana mayor, y ella siendo la segunda pasaba desapercibida y sin tener “mayores beneficios”.

Terminó la enseñanza básica (6to preparatoria en esa época) y le exigió a su papá seguir estudiando, él no la dejó porque lo encontraba innecesario, pero como porfiada que era, se las arreglo para que unas monjas le enseñaran contabilidad.

En Chañaral, la plaza era el centro social y fue ahí que mi abuela conoció a mi Tata. Los hombres daban vueltas a la plaza y las mujeres esperaban sentadas, a la tercera vuelta ella lo eligió y accedió a salir con él, César Hernández, 3 años más joven que ella. Para ella no fue tema, se atrevió y 70 años de matrimonio avalan este atrevimiento.

Se vinieron a vivir a Santiago y gracias a sus conocimientos de contabilidad, la “Marcelita” (como muchos le decían) pudo trabajar en el servicio nacional de salud. Siempre preocupada de tener su trabajo, su sueldo.
Cuando sus dos hijos ya eran adultos y tenían sus propias familia, ella decidió terminar el colegio. Dio exámenes libres y pudo recibir su diploma de enseñanza media. Nunca sintió vergüenza de terminar el colegio siendo ya adulta, al contrario era su máximo orgullo.

Siempre con vestido, muy arreglada, le gustaba disfrutar la vida: el aperitivo; bailar tango; salir y viajar. Nunca entró a la cocina. No le gustaba, pero siempre se las arregló para que los mejores almuerzos siempre fueron en su casa y mi Tata le hizo el desayuno todos los días que estuvieron juntos. Y lo más importante nunca sintió “culpa”.

Y con sus nietos siguió marcando la pauta. Nos llevaba en micro al festival de viña, y a cuanto espectáculo hubiera en el teatro Caupolicán y al cine. Siempre ella se movilizaba por lo que le interesaba y se preocupaba de transmitirnos esas ansias de conocer el mundo, de no quedarnos con lo que nos “tocaba” sino que jugarnos por lo que queríamos.

Gracias a ella me pude ir a mochilear saliendo de 4to Medio, mi mamá no me dejó y mi abuela intercedió diciéndole que cuando ella tuvo mi edad hubiera dado su vida porque haber hecho un viaje así. Y fui.
Por eso creo que no es casualidad que hoy en día yo sea Asistente Social, trabaje con mujeres, aportando para seguir conquistando espacios y transmitiendo que tenemos derecho a tomar nuestras propias decisiones.

En el Día Internacional de la Mujer, las invito a buscar sus referentes familiares, las mujeres que les abrieron el camino. Tuve una abuela que dio una lucha y marcó la forma de desarrollarnos como mujeres, que tanto su hija, nietas, bisnietas espero que siempre se lo agradezcamos. En este día, mis honores para ella.